Publicado: 12 de Agosto de 2016 a las 10:58


El concepto osteopático destaca cuatro principios generales, aunque no son los únicos rasgos del diagnóstico y tratamiento osteopáticos:

1. El cuerpo es una unidad, no el sumatorio de sus partes, donde cada una se interrelaciona y depende del resto para mantener su función óptima. El concepto de unidad implica no atender cuerpos, sino individuos, únicos cada uno de ellos en sí mismos. La investigación clínica y biomédica ha demostrado irrefutablemente que el cuerpo y la mente son inseparables, y se consideran -y se tratan- como una sola entidad. Hoy se acepta ampliamente que lo que sucede en el cuerpo o la mente tiene repercusiones en la otra parte.

2. El cuerpo es capaz de autorregulación, autocuración y mantenimiento de la salud. Por ejemplo, no pasa inadvertido como las personas (y los animales) se recobran de sus afecciones y cicatrices sin ninguna intervención; por consiguiente, debe obrar alguna facultad curativa interior natural. Nos recobramos de la enfermedad, la fiebre cede, la sangre coagula y las heridas cicatrizan, los huesos rotos sueldan, las infecciones se superan, las erupciones cutáneas desaparecen, etc. Es el milagro de la capacidad curativa.

3. Existe un principio fisiológico en los organismos vivos que señala que a través de permanentes ajustes dinámicos y de regulación estos son tendentes a mantener una condición estable y constante. Para un osteópata el mayor impedimento para tal fin es la restricción del movimiento natural de los tejidos, de manera que intercederá liberando los mismos y restituyendo su fisiología en favor de la correcta homeostasis.

4. La estructura y la función están interrelacionadas recíprocamente. Esto es, una condiciona a la otra: cuando cualquier tejido del cuerpo es  íntegro también lo será su función, pero si éste presenta algún problema físico (para un osteópata problemas de bloqueo, tensión, desplazamientos, etc., fundamentalmente), su función se verá afectada. Y cuando la función de un tejido está alterada el propio tejido también lo estará (presente o no enfermedad o evidencia clínica, afectando en todo caso a su movilidad natural).

Por lo tanto, el modus operandi de un osteópata se basa en la comprensión de los principios osteopáticos básicos del cuerpo entendido como una unidad, en su capacidad de autorregulación y en la interrelación de estructura y función.

Entender el concepto de unidad es de especial importancia, pues a través de éste el osteópata lleva a relacionar el sistema musculoesquelético (normalmente motivo de consulta) con el resto de los sistemas corporales: digestivo, cardiovascular, respiratorio, nervioso, endocrino, etc. Todos estos sistemas se mantienen entre sí, a la par que mantienen al sistema musculoesquelético. El deterioro o la insuficiencia de alguna función visceral o de la comunicación del sistema musculoesquelético y las vísceras, se refleja en el sistema musculoesquelético. De forma que cuando se expresa un problema musculoesquelético, hay o puede haber un problema visceral subyacente.

Esto impone al osteópata a tratar el sistema musculoesquelético del paciente así como los problemas vinculados que se relacionen con él mismo. Es importante recalcar que el sistema musculoesquelético a menudo refleja numerosos signos relacionados con enfermedades internas.